miércoles, 20 de agosto de 2014

Timbuctú

A unas dios les dio belleza, a otras inteligencia, a otras fortuna y suerte, a muchas más amor, pero a mi me fue dada una curiosidad inusitada.

Allá en el siglo XIX un francés llamado Rene Caillié hizo todo desde su juventud para poder viajar y conocer el mundo. Pertenecía a la raza de los Polo, Cólon, Magallanes, Humbolt o Darwin. Se enfermó varias veces en sus viajes por el África pero al final luego de muchas penurias y viajes llegó a la mítica Timbuctú. Esa ciudad de las Mil y Una Noches era fascinante en la imaginación de los europeos pero Caillié la miró de frente y se dio cuenta de que era poco más que una bella ciudad, nada que ver con las historias de Sherezada.

Mi Timbuctú es el mundo entero. Recientemente me han dado unas ganas tremendas de dejar todo lo que tengo aquí e ir en busca de esa Timbuctú mía, es decir darle la vuelta al mundo. Por supuesto un acto tan irracional supone dejar familia, amigos, carrera y prestigio profesional de lado, todo al diablo por la última oportunidad que tengo de hacer un viaje así. Ya no soy joven, pero tampoco estoy incapacitada por la senectud, es ahora o nunca. O nunca... o ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario