miércoles, 20 de agosto de 2014

Héroes nacionales de fútbol ¿Y los problemas sociales qué?

Mucha gente considera que ser crítico, inteligente o consciente, implica estar alejado de algunas cosas consideradas como cosas del demonio: Telenovelas, música pop, videojuegos, comida chatarra y por supuesto: fútbol.

Como México ganó el oro olímpico en ese deporte y puso el tema de moda puedo hablar con un poco de libertad sobre uno de los pasajes que más me impresionan de la historia modera y que está relacionado con el deporte de las patadas, y lo está desde una forma totalmente contraria a lo que se piensa.

En 1987 un joven equipo Yugoslavo llegaba al mundial juvenil de fútbol celebrado en Chile sin nada que pelear pues todas las apuestas estaban con Brasil (les suena familiar). Esos jóvenes de veinte años eran de todas las regiones de Yugoslovia que hoy son países independientes y según recuerdan ellos mismos, en el horizonte no se veía ninguna guerra. Ellos como equipo eran amigos y eran muy buenos... encabronadamente buenos.

Resulta que ese mundial lo ganaron de calle, eran mágicos según los cánones del futbol, le ganaron a Brasil, Chile (país anfitrión) y a Alemania dos veces (en ese mundo había dos Alemanias). Hubo fiesta nacional en Yugoslavia... la última.

Para el mundial de Italia 1990 la guerra ya estaba a la vuelta de la esquina, pero todavía el mundo alcanzó a ver a Yugoslavia como país y selección. En ese torneo el equipo ya llegaba mermado por el conflicto que se veía venir. Maradona los echó en cuartos de final pero muchos de ellos no regresaron a casa... era ya preferible estar fuera, algunos sabían de amigos que tenían en el ejército que la violencia se venía. De esa forma ficharon por clubes italianos y varios por el Real Madrid.

Pero hubo uno que jugó en su país todavía una temporada más, se llamaba Zvonovimir, jugaba para el equipo de Zagreb de Croacia, y un día de 1991 se jugaba el clásico contra el Estrella Roja, el equipo del gobierno de Belgrado. Los serbios comenzaron a atacar a los aficionados croatas en la tribuna, el partido se detuvo, el gobierno mandó a la policía a reprimir a... ¡los croatas! la policía comenzó a agredir a los aficionados y el caos se hizo. Zvonovimir con ayuda de sus compañeros, comenzó a ayudar a la gente a saltar de las tribunas al campo para ponerse a salvo, afuera se decía que ya había tanquetas, se arrojaban gases lacrimógenos. Pero aún dentro del campo los policías seguían golpeando a los croatas. Entonces, Zvonovir se lanzó a defender a unos de los golpeados, arremetió contra los policías y les lanzó golpes, era un futbolista de uniforme azul en estrategia guerrillera contra seis o más policías, la televisión logró captar parte de aquello y esa imagen quizás no dio la vuelta al mundo, pero la vieron quienes necesitaban verla: El pueblo croata.

Viendo a su capitán batirse contra el enemigo represor el pueblo croata tomó el valor que se requería. Pocos días después ya estaban en guerra por su independencia. Lo que siguió fue uno de los conflictos bélicos más sangrientos y duró casi diez años, limpieza étnica incluida. Casi al término, los mismos serbios se cansaron del loco Milosevic y, lo que son las cosas, pacíficamente lo echaron del poder.

Zvonovimir, es un héroe nacional, más por sus goles por esa imagen que quedó para la historia y que motivó a todo un país. El se fue a Milán y triunfó por más de diez años con los rojinegros. El mundo le conoce mejor por su apellido: Boban. En 1998 jugó el mundial de Francia pero ya con la selección de Croacia, eran libres. Zvonovimir Boban hoy enseña historia en una escuela croata, imaginen tener al héroe de su país dándoles clase.

Se decía que si esa selección yugoslava hubiese permanecido junta, hubiesen ganado la copa del mundo, la guerra, no lo permitió.

Hoy veo a los seleccionados de México muy contentos, pero no veo en ninguno de ellos la inconformidad del resto de sus compatriotas, ni siquiera en Hernández el más letrado de todos ellos se ve un atisbo de que alguno de estos héroes mexicanos puedan un día aprovechar su posición para al menos, expresarse en contra de todo lo indignante que hay en México, como si hizo por ejemplo, la arquera medalla de bronce, Avitia.

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