Hace
150 000 años hubo una mujer, de la que todos procedemos, todos y todas
somos sus hijos e hijas. A esta africana le debemos la vida. Más allá de
ella no dice nada el ADN mitocondrial. Es Eva y no come manzanas, no es
tentada por serpientes, no es blanca. Y nosotros, ya no somos
huérfanos.
Ahí
en Yemen, la familia se dispersó y nunca más se volvieron a ver, hace
unos 120 000 años. Y cada uno de los grupos se fue para un lado, a
Europa, a Asía, a Oceanía y por supuesto a América. Y poblamos el mundo
basados en cooperación, no en competencia. Y con la globalización los
hermanos se han reencontrado pero ya no hay familia.
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