miércoles, 20 de agosto de 2014

Adios

Es la estación central de trenes de Firenze (Florencia, donde todo comenzó); ella no suelta su mano y de vez en vez le abraza; él, que no pasa de los veinte años igual que ella, le dice frases en un italiano bello que no comprendo del todo pero del cual entiendo toda la intención. La amable voz de la estación anuncia la partida del tren, el nuestro, y el maquinista se abre paso con prisa entre los enamorados que estorban en la puerta del primer vagón dándose el último beso. Finalmente, ella sube al vagón, sus manos se separan y ella suelta algo más que las lágrimas; él por su parte, trata de huir rápido del andén, reacción muy masculina para evitar que lo vean llorar, pero no puede, se detiene apenas luego de unos cuantos pasos y la mira por ultima vez a través de la ventana dónde ella también lo mira con las palmas de las manos sobre el cristal. Luego de unos minutos y un pañuelo, ella se sienta en su puesto a lado mío. El tren ya esta en jornada. Pienso en decirle que todo estará bien, que nada puede ser tan malo, que la vida esta llena de estas cosas y que el sol saldrá mañana... pero no puedo porque sólo soy una wallflower observando como estas cosas pasan no solo en las películas. Esto paso en la estación de trenes de Firenze (Florencia, donde todo comenzó).

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