Ayer nuevamente se abrió el debate en mi casa de la terrible, capital y
vital importancia del teléfono celular en la vida del ser humano y como
este aparato es uno de los mejores inventos del mundo al nivel de las
vacunas, y sin duda muy por encima de estupideces como la reflexión, la
paciencia, la formalidad, la puntualidad, la escritura o el contacto
humano. Básicamente el debate es que yo
niego todo lo anterior y no quiero tener uno de esos aparatos. Su tono
me molesta pues casi siempre estoy leyendo, escribiendo u observando y
esa musiquita estresante me rompe el placer de la concentración. La voz
de mis amigos a través del auricular se escucha casi tan horrenda como
el sentir que cada segundo de esa llamada tiene un alto costo económico.
Dinero que alimentará las rebosantes arcas de oro del hombre más rico
del mundo por imposición (la palabra está de moda qué quieren). No
entiendo de planes y tecnologías blu-too (sic, wherever), soy como una
jodida anciana decrepita nostálgica por tiempos que nunca vivió, cada
vez que le digo a alguien "al diablo con el celular" me quieren mandar
al manicomio.
Sus defensores me aseguran que siempre habrá emergencias que la rápida e inmediata comunicación pueda solucionar, varias veces me han convencido u obligado con ese argumento a portar un celular... pero por cada emergencia hay que refregarse mil y un avisos de "Ya no llegó", "Estaciono nada más el carro", "¡En cinco minutos!", "Estoy aquí a la vuelta", "Su saldo ha terminado". Lo siento pero prefiero correr el riesgo de la incomunicación en la tragedia que vivir con la preocupación de:
"Ya llevo mi llaves, la dirección, ah ¡el celular! ¿Donde está mi celular?"
Fueron épocas oscuras y bizantinas cuando tenía siempre la necesidad de llevar ese aparato a donde fuere, incluso a los lugares donde "Mexico ya no es territorio Telcel" y resultaba perturbadormente inútil pues "ya no hay señal", además no solo había que llevar el telefonito, también el maldito cargador y cuando alguna de estas cosas se me llegaba a olvidar me sentía como habitante de la Troya incendiada por Agamenón, la tragedia me llenaba y pensaba en todas las llamadas que perdería por mi terrible estupidez (aunque casi todas esas llamadas eran para cosas "del trabajo").
En Italia el teléfono en cuestión es obligatorio así que debí comprar y pagar uno durante todos los meses que estuve allá... hice una sola llamada en todo ese tiempo y debí haber recibido unas cuatro, eso si, el chiste rondó los 120 EUROs. Jamás sentí tanto la pérdida de mi dinero.
Por lo regular tengo a mis seres queridos compartiendo el mismo espacio real o virtual (el de las redes sociales). No hay ningún enamorado que quiera oír mi voz y todos saben donde encontrarme, y cuando no lo saben es porque no quiero que lo sepan, punto. Entonces ¿por qué debo, y amplio la pregunta, por qué todos deben esperar que yo tenga un celular? ¿acaso ustedes no miran con horror como ese aparato sustituye los timbres (se los juro, hay gente que no toca, ¡prefieren pagar $1.5 para que le abras la puerta!)? ¿No han visto como ahora los jóvenes pasan un 50% del tiempo de una fiesta mandando mensajitos quedando menos espacio para bailar o para intercambiar fluidos? ¡Si, Telcel le quita tiempo al cortejo y al coito! ¿no se suponía que esta tecnología debía acercarnos más? ¿entonces porque ahora basta con que llames al amigo en su cumpleaños en lugar de ir a verlo? Llegar tarde era una cuestión terrible para ambas partes, parecía que el celular podía amainar eso pero se ha convertido en un sustituto de la puntualidad al grado de que quien avisa que va a llegar tarde es expiado de su culpa, así haga que la otra persona espere tiempos de 30 minutos o hasta una hora.
Para mi viaje a Europa nuevamente llevé el celular, pensando en su inmediata practicidad, pero resultó más efectivo el internet y nuevamente, el costo de cada chip (un alemán, uno holandés) fue excesivo si considera su rendimiento y los problemas que llegó a resolver ese medio de comunicación.
Así que si, un día quizás muera aislada y el forense ponga en mi acta de defunción "Causa de la muerte: No traía celular", bueno, así podría ser el fin de mi dichosa vida sin celular.
Después de este desahogo, esta catarsis anti tecnología, declaró que mientras la portación de un teléfono celular no sea obligatoria en mi país, no voy a poseer ninguno de esos aparatos. Prefiero esperar 15 minutos de retardo, prefiero confiar en la formalidad de la gente, prefiero escuchar en vivo a las personas, prefiero estar en paz y dejar que algunas cosas y sucesos pasen desapercibidos para la inmediatez de la noticia, prefiero poder decir, "Sorry, yo no uso celular, mejor quedemos de una vez".
Sus defensores me aseguran que siempre habrá emergencias que la rápida e inmediata comunicación pueda solucionar, varias veces me han convencido u obligado con ese argumento a portar un celular... pero por cada emergencia hay que refregarse mil y un avisos de "Ya no llegó", "Estaciono nada más el carro", "¡En cinco minutos!", "Estoy aquí a la vuelta", "Su saldo ha terminado". Lo siento pero prefiero correr el riesgo de la incomunicación en la tragedia que vivir con la preocupación de:
"Ya llevo mi llaves, la dirección, ah ¡el celular! ¿Donde está mi celular?"
Fueron épocas oscuras y bizantinas cuando tenía siempre la necesidad de llevar ese aparato a donde fuere, incluso a los lugares donde "Mexico ya no es territorio Telcel" y resultaba perturbadormente inútil pues "ya no hay señal", además no solo había que llevar el telefonito, también el maldito cargador y cuando alguna de estas cosas se me llegaba a olvidar me sentía como habitante de la Troya incendiada por Agamenón, la tragedia me llenaba y pensaba en todas las llamadas que perdería por mi terrible estupidez (aunque casi todas esas llamadas eran para cosas "del trabajo").
En Italia el teléfono en cuestión es obligatorio así que debí comprar y pagar uno durante todos los meses que estuve allá... hice una sola llamada en todo ese tiempo y debí haber recibido unas cuatro, eso si, el chiste rondó los 120 EUROs. Jamás sentí tanto la pérdida de mi dinero.
Por lo regular tengo a mis seres queridos compartiendo el mismo espacio real o virtual (el de las redes sociales). No hay ningún enamorado que quiera oír mi voz y todos saben donde encontrarme, y cuando no lo saben es porque no quiero que lo sepan, punto. Entonces ¿por qué debo, y amplio la pregunta, por qué todos deben esperar que yo tenga un celular? ¿acaso ustedes no miran con horror como ese aparato sustituye los timbres (se los juro, hay gente que no toca, ¡prefieren pagar $1.5 para que le abras la puerta!)? ¿No han visto como ahora los jóvenes pasan un 50% del tiempo de una fiesta mandando mensajitos quedando menos espacio para bailar o para intercambiar fluidos? ¡Si, Telcel le quita tiempo al cortejo y al coito! ¿no se suponía que esta tecnología debía acercarnos más? ¿entonces porque ahora basta con que llames al amigo en su cumpleaños en lugar de ir a verlo? Llegar tarde era una cuestión terrible para ambas partes, parecía que el celular podía amainar eso pero se ha convertido en un sustituto de la puntualidad al grado de que quien avisa que va a llegar tarde es expiado de su culpa, así haga que la otra persona espere tiempos de 30 minutos o hasta una hora.
Para mi viaje a Europa nuevamente llevé el celular, pensando en su inmediata practicidad, pero resultó más efectivo el internet y nuevamente, el costo de cada chip (un alemán, uno holandés) fue excesivo si considera su rendimiento y los problemas que llegó a resolver ese medio de comunicación.
Así que si, un día quizás muera aislada y el forense ponga en mi acta de defunción "Causa de la muerte: No traía celular", bueno, así podría ser el fin de mi dichosa vida sin celular.
Después de este desahogo, esta catarsis anti tecnología, declaró que mientras la portación de un teléfono celular no sea obligatoria en mi país, no voy a poseer ninguno de esos aparatos. Prefiero esperar 15 minutos de retardo, prefiero confiar en la formalidad de la gente, prefiero escuchar en vivo a las personas, prefiero estar en paz y dejar que algunas cosas y sucesos pasen desapercibidos para la inmediatez de la noticia, prefiero poder decir, "Sorry, yo no uso celular, mejor quedemos de una vez".
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