Desde hace tiempo yo ya sabía que los
mejores tratos y negocios se cerraban sobre las mesas de cafés o restaurantes. Debo
corroborar esa hipótesis y ampliarla a las mejores ideas y a las más creativas
intenciones de la ciencia. Lejos del laboratorio o la oficina, con el vino o el
café como testigo, es que los investigadores tenemos las mejores ideas que
bien, con un poco de suerte, podrían cambiar el mundo. PIXAR nació en la servilleta
de una modesta cafetería de Estados Unidos, entonces imaginen ¡qué cosas pueden
concebirse en un café vienes! Esta es Viena, sede dela vanguardia del siglo XX,
la casa de Schubert, Strauss, Freud, Bauer, Klimt, Zweigt y Popper, la de
tantos que hicieron famoso este ambiente que hoy me duele dejar. En Viena fui
feliz y mucho tiene que ver su carácter internacional y de libertad, es casi
imposible ser infeliz en Viena. En una tarde cotidiana de lunch podíamos
concurrir a la mesa, chinos, hindúes, alemanes, holandeses, austriacos,
colombianos, polacos, canadienses, estadounidenses, portugueses, sirios, japoneses,
italianos, argentinos, iraníes y hasta mexicanos (orgullosa representante soy)
Y hoy dejo Viena con tristeza porque aquí dejo
amigos, hice amigos, y aprendí un mundo. En término musicales es como estar
tocando con los Beatles, los Rolling Stones o los Cream, de mi tema; cenar y
ser amiga de la nueva generación de vacas sagradas que escribirán las nuevas
tesis del futuro me emociona, soy parte de mi propio Círculo de Viena. Gracias
a Bárbara, Helene, Jason, Carmen, Miguel, Juping, Nabu, Michel, Stefan, Martej,
Gregor, Kirk y todos los del Circulo de Viena con los que tuve la fortuna de trabajar
en la oficina por horas, pero también por horas pude conversar con ellos con
una mesa con comida, cerveza, vino y café de por medio para poder soñar. Gracias,
Viena, por este vals.
Ahora,
tengo que ir a visitar a una vieja amiga, venga Perugia.