Padilla, Tamaulipas es uno de los pueblos fantasma más famosos de México. Su negra historia comenzó cuando luego de la independencia se le nombró capital del estado. En 1824 Agustín Iturbide desembarcó en Soto La Marina y se dirigió a Padilla donde estaba el congreso local pues quería explicar su regreso del exilio: Iturbide, exiliado en Italia se había enterado que la Santa Alianza quería ayudar a España a reconquistar la nueva España, Iturbide que en Europa vivía en la pobreza con su familia, regresó, según él, para poner su espada al servicio de la patria ante esta nueva amenaza. Pero el congreso local de Padilla no lo escuchó, en cambio lo capturó y lo fusiló el 19 de julio. Iturbide fue enterrado en el cementerio de Padilla.
Años después, en 1831, el general Manuel Mier y Terán, ex-mano derecha de Morelos, había sido designado como comandante de guerra de las tierras de Tamaulipas, que incluía la agitada Texas. El general fue testigo de como EU planeaba anexarse Texas de forma vil y con sus pocos hombres poco podía hacer para detener la inmigración ilegal (lo que son las cosas) de güeros a las tierras texanas. Alarmado, Mier y Terán viajó a la ciudad de México a denunciar el hecho, poco caso le hicieron y regresó a Padilla. Alcanzó a vaticinar en un escrito que EU quería conquistarnos. Luego fue a la tumba de Iturbide, colocó su espada en el suelo con la punta hacía arriba y se dejó caer sobre el hierro filoso, quitándose de esa forma la vida. Había muerto el último insurgente de prestigio, lo iban a postular para presidente.
Nadie sabe porque Mier y Terán se quitó la vida justo en la tumba de Iturbide. Algunos lo vieron como el símbolo de la decadencia del país, era él el último héroe de la independencia, el sobreviviente de una época gloriosa. Algunos afirman que tuvo remordimiento, él había autorizado el fusilamiento de Iturbide.
Los restos de Iturbide descansaron en paz hasta que Luis Echeverria los mando colocar en la Catedral de México, donde hasta hoy pueden verse. No fue un reacomodo con honores, es que Padilla iba a ser sepultada bajo el agua con la construcción de la presa llamada, lo que son las cosas, Vicente Guerrero. A Mier y Terán lo dejaron ahí.
La presa hizo que se construyera Nuevo Padilla en tierras más altas, pero luego vinieron las sequías de los 90 y de la década pasada y la presa hoy es un charco raquítico de agua. El viejo Padilla emergió de la inundación y su iglesia y los cascos de roca de las viejas casas hoy están sobre tierra otra vez.
Dicen que el fantasma de Itubide deambula por ahí gallardo en su caballo como buen jinete que era, y el de Mier Y Terán se le ve en el camposanto mirando al norte, donde estaba Texas.
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