Estuve hace unos días en el lugar que fuera
conocido por los alemanes como Auschwitz pero que
originalmente se llama Oświęcim, y en medio de ese lugar tuve un
sentimiento que creo que muchos de los que niegan el holocausto tienen: sentí
un repudio y asco hacia el manejo político de lo sucedido en ese lugar en favor
de los actos que está cometiendo el gobierno de Israel actualmente y desde hace
unos cincuenta años contra las personas de otras etnias en el actual territorio
del estado de Israel.
Eran una
treintena de personas que portaban banderas de varios países: Alemania
(responsable directo de la matanza), Polonia (escenario de la matanza y actual
administrador del museo), Austria (fueron guardias y soldados austriacos los
que participaron en este campo y antes en el gueto judío y el campo de
concentración de Plaszow), Ucrania (gran parte de los celadores del campo eran
ucranianos), Estados Unidos (dueño del mundo) y por supuesto Israel (la mayoría
de los asesinados en ese lugar eran judíos y eso nadie lo puede negar). Eran
también personas representantes de distintas religiones, cristianos, católicos,
judíos. Todo era conmovedor y los discursos, incluido el del regente de la
ciudad de Oświęcim, eran congruentes;
pero entonces el representante de Estados Unidos comenzó su discurso y dijo que
las naciones del mundo estaban del lado de Israel y que estarían en contra de
los que odiaran a Israel. Fue como un disco rayado este mensaje, dicho de una u
otra forma varias veces. Yo me quedé impresionada, ¿no son ese tipo de
actitudes de confrontación las que nos llevaron a campos de exterminio como
estos? Muchos jóvenes israelíes (portaban banderas y ropas con los colores azul
y blanco de Israel) acompañados de soldados del mismo país, lloraban frente al
mausoleo dedicado a las un millón quinientos mil víctimas oficiales estimadas de este campo; no
podía dejar de pensar que había cierta hipocresía en ese acto y tenía yo unas ganas tremendas de gritarles
“¡Pues no lo repitan!”, como para sacar una bandera de Palestina en medio del grito, pero fui
respetuosa.
Los que no creen en el holocausto
tienen pocas bases para sostener sus afirmaciones, no tienen la oficialidad de quienes lo afirman. Sucede que ponen énfasis en
ciertos detalles, el primero de ellos es el número de muertos. Millones más,
millones menos, se calcula que murieron cerca de sesenta millones de personas a
causa directa de la II Guerra Mundial. Los expertos afirman un dato más
aterrador: solo cerca del 10% de esas bajas fueron soldados, el resto fueron
civiles inocentes. Eso de por sí ya es injustificable y es un crimen. Al principio, se dijo
que en Oświęcim habían muerto seis millones de personas. Con el tiempo la cifra
se redujo hasta un millón quinientos mil. Lo cierto es que, comprobados, lo que
se dice comprobados, nombres y registro en mano, solo hay 60 000 muertos. Pero
debe tomarse en cuenta que gran parte de los archivos fueron destruidos por los
alemanes cuando ya veían perdida la guerra (el miedo no nada en burro). Aun
así, algunos consideran que un número entre cien mil y seiscientos mil muertos
es lo más históricamente y científicamente posible. Los no creyentes del
holocausto lanzan estas estadísticas como su mejor argumento y la respuesta que
yo puedo dar es que haya sido uno solo… ya es una tragedia infame matar a alguien en nombre de la guerra. En los campos de
concentración no solo murieron judíos, también gitanos, polacos, prisioneros de
guerra, alemanes disidentes, criminales comunes y cientos de personas que por
una u otra razón cayeron en ellos, pero todos eran personas, y ese es el punto.
Por su parte, los simpatizantes del
gobierno de Israel, siguen sosteniendo la cifra de seis millones y el turista
se lleva a casa esa cifra sin reparar exactamente lo que significa y comparada
con qué. Tomando en cuenta la cifra oficial, la tasa de un millón y medio de muertos en tres
años no se compara a la tasa de muertes de algunos de los bombardeos Aliados
para recuperar Europa. En algunos bombardeos la cifra de civiles
muertos podía alcanzar fácilmente la cifra de cien mil personas en una sola
semana. Así, la cifra de Oświęcim no parece ya tan impactante y se debería
voltear la indignación a otros actos que hoy continúan impunes y en el anonimato histórico y de ls cuales nadie hace una película. Pero repito,
así hubiera sido uno solo, las tragedias no pueden compararse por el número de
muertos, sino por lo absurdas de sus causas.
Birkenau o Auschwitz II es una extensa
pradera llena de ruinas de lo que eran las barracas, en donde metían a veinte
mil personas como si de ganado se tratara. Era una especie de micro-ciudad regida por el miedo a morir. Solo
imaginen esa cifra, veinte mil personas, veinte mil historias de vida. Estas personas
convivían en la ley del más fuerte, lo siento, las cosas no eran como en “El
niño de la pijama de Rayas”. Las camas a raz de suelo eran las destinadas a los
niños, viejos o las personas más débiles porque eran las más frías y estaban infestadas de ratas, las camas de la parte alta las tenían aquellos
más fuertes y la historia era igual tanto en las barracas de las mujeres como
las de los hombres, no había espacio para el honor o la compasión en aquellos campos, los habitantes de esas celdas no tenían porque ser santos. Y es que esas barracas son una mentada de madre a la dignidad
humana, están construidas de ladrillo (las que quedan en pie) y muchas otras
eran de madera, dormían seis personas por “cama” (en realidad eran conjunto
sombrío de tablas frías), y había solo dos estufas para salvarguardar el frío. En el tiempo que fui era
otoño y aquello ya era un refrigerador automático, no puedo imaginarme lo
aterrador del invierno en ese lugar en medio de una guerra y orden un marcial.
Así no necesitabas cámaras de gas, no son necesarias porque la gente se te muere de hambre, de frío, de falta de ganas de seguir viviendo, así no hacen malditas cámaras de gas. Y este es el siguiente jodido punto.
¿Por qué matar judíos? ¿Por qué no? Los que
niegan el holocausto olvidan que matar personas por su simple origen étnico,
nacionalidad, religión o status social es tan corriente en la historia moderna
que no parece descabellado que los alemanes tuvieran también sus piras ardiendo
en contra de ciertos grupos humanos. En pleno siglo XXI el proceso se repite y
ocurre de forma cínica frente a las cámaras de televisión, que en 1945 no
ocurriera un genocidio es pensar de forma muy inocente. Hoy está en duda si
usaron cámaras de gas o no, el hecho es un detalle tan espantoso como si un
asesino dijera que es menos culpable por usar un arma de fuego y no una
motosierra para matar. Suena lógico que los judíos murieran como moscas en ese
campo por las enfermedades, las condiciones de vida eran tan lamentables que es
fácil dar una cosa por hecho: si un ser humano no te sirve simplemente no te
importa. A los alemanes les importaba la gente que pudiera trabajar pero ni a
esos realmente los procuraban mantenerlos vivos porque prisioneros y
desgraciados sobraban en Europa en ese entonces. Si lograbas sobrevivir al
hacinado viaje en tren, te esperaba que te asignaran una barraca, cosa que
podía demorar algunos días en los que te la pasabas en la intemperie, como era
un campo con problemas de sobrepoblación había algunos que no alcanzaban
barracas, y nada pues se quedaban afuera y nadie se preocupaba por ellos, por supuesto
morían pronto. No necesitas cámaras de gas en ese entorno y si no las hubo el
hecho no pierde su carácter criminal. Algunos dicen que en realidad Hitler
nunca ordenó exterminar a los judíos, si eso es cierto ¿lo declaramos homicida
imprudencial o cómo? Insisto, son detalles que no alcanzan para eximir a
ninguno de los responsables.
Los campos de concentración alemanes son
ciertamente los únicos que son usados como atractivo turístico. Otros lugares
con historias similares no son empleados de esa forma, de otros sitios cuya
historia es demasiado reciente como en Bosnia, el turismo negro está en
veremos, pero ciertamente hay algo sospechoso en el hecho y eso te lleva a
empezar a configurar la conveniencia política que significa esta tragedia para
el gobierno de Israel y sus aliados. Muchos otros países han usado hechos
similares en su conveniencia, pero en el caso de Israel justifica su existencia misma
y su actuar bélico en contra de otros grupos como los árabes palestinos. Y es
ahí donde radica la mierda detrás del holocausto judío. Yo voy en contra de los
que dicen que el holocausto nunca ocurrió, me parece que la evidencia histórica
es suficiente, y de hecho no creo que el holocausto judío esté sobreestimado,
al contrario, considero que está subestimado y que no le hemos dado la
importancia que requiere y como prueba está que no hemos logrado integrar ese horror de lo que pasó
ahí a las nuevas generaciones porque estas lo repiten. Y si el holocausto judío
está subestimado, los otros “holocaustos” o genocidios, están simplemente
olvidados, borrados de la memoria de manera grosera, y es nuestra
responsabilidad recuperar esa historia para darle su debido peso en la
construcción del futuro. En lugar de decir que un hecho es falso porque es el
favorito los medios masivos y es el que está prostituido por un gobierno que
busca justificar su violencia contra otros, se debería de intentar recuperar la
memoria de otros sucesos similares que no reciben tal atención.
Al salir de Auschwitz estaba conmovida, no
solté la lágrima fácil por todos los que habían muerto ahí en medio de sufrimientos
inimaginables, más si por todos los que todavía están muriendo en
campos de concentración solo por ser lo que son y en nombre de ideas basadas en generalidades absurdas y baratas, en fanatísmos infestados de ignorancia y falta de raciocinio. Y aclaro, no soy partidaria de
Hamas, de hecho creo que tiene responsabilidad en la muerte de sus propios
civiles y que quiere jugar, como el gobierno de Israel juega con el holocausto, a explotar su propia
tragedia televisada. Gobiernos aquí y allá, son la misma mierda hasta que
demuestren lo contrario, ir por la paz sería buen comienzo; mientras tanto recupero el dato de la cifra de inocentes que mueren por la guerra y deseo a todos aquellos estadistas que juegan con la vida de las personas como si fueran números simples de su capital contable, que un día paguen, si es posible por el mismo acero que ostentan a la hora de declarar guerras que ellos nunca salen a pelear, por todas las muertes de las que son responsables.