martes, 25 de septiembre de 2018

Crónicas desde la platea de sol. LUNES

En este libro se recogen diversas experiencias acontecidas entre los años 2009 y 2018, periodo en el que regresé a practicar fútbol de manera amateur. Sirva este texto de homenaje a todas aquellas jugadoras, escuadras y ligas que se han atrevido, que han desafiado, que le han plantado cara a aquello del “juego del hombre”.


LUNES




Como en cualquier urbe occidental, el lunes se les presenta espeso a los habitantes de Ciudad de México que obedecen horarios de oficina, que ejecutan deberes domésticos impostergables o que atienden al llamado de campanas escolares que anuncian el comienzo de la primera clase en un punto del día en el que todavía no se ha ni asomado el sol. El andar viscoso por las calles se vuelve tan inhumano que ya no vale la pena ni preguntarse la razón por la que se soportan trayectos de treinta minutos a dos horas enlatado en un automóvil particular, apachurrado en un autobús o respirando un cóctel de perfumes, desodorantes y sobacos en un atestado vagón del metro. Conforme la mañana va aclarando, el cuerpo se adapta nuevamente a la rutina y se resigna a saberse atrapado, nueva e inevitablemente, en el primer día de la semana. Para cuando el reloj marca la una de la tarde las calles siguen bulliciosas pues, según testimonian los taxistas y conductores de UBER,  ya no hay momento del día en que la ciudad esté tranquila. El proletariado que se mudó de la fábrica a la oficina sale como marabunta de los edificios hacía los puestos de comida callejeros para improvisar el almuerzo. Y luego de esa pausa que sabe un poco al fin de semana que recién nos abandonó, todos regresan al puesto de trabajo, porque hay que ganarse el pan y, principalmente, pagar las deudas. Entonces, entre las cinco y las ocho de la noche se produce el escape milagroso rumbo a casa, eso si no hay horas extra que cubrir. Los estudiantes del turno matutino huyeron poco antes de las aulas, fueron reemplazados por los del turno vespertino que tienen el dudoso privilegio de mirar desde casa la mañana de ese lunes con altos niveles de smog. En fin, la noche del lunes no dibuja ninguna esperanza porque de antemano se sabe que mañana será solo martes y que el viernes es todavía muy lejano. Los lunes, malditos sean los lunes.

Es entendible entonces que el lunes y el fútbol están peleados desde tiempos inmemoriales (pregunten sino a los aficionados del Eintracht Fránkfurt​​​). Sin embargo, desde hace algunos años, los jugadores amateur de la Ciudad de México sabemos que cualquier día es justo y bueno para jugar, incluso el lunes. Por supuesto, esto ya lo sabían desde hacía mucho todos los niños que convertían patios o calles en campos de juego, pero por alguna razón los adultos lo habían olvidado. Cuando las ligas de aficionados comenzaron a explotar los espacios más pequeños para jugar y crearon canchas en casi cualquier rincón de las ciudades tacañas que habían expulsado a los campos de fútbol once, con todo y césped o barro, y cuando el fin de semana resultó insuficiente para abastecer la demanda de tiempo de juego, fue que apareció la rutina futbolera semanal diaria para los adultos, supongo que fue como volver a ser niños otra vez. Hoy en día, al menos en Ciudad de México, ese monstruo de casi veinte millones de habitantes, es posible jugar un partido cada día de la semana, de lunes a lunes. Los hombres se beneficiaron de ello casi desde el comienzo, pero la particularidad de esta crónica es que aquí se cuenta la versión de esa mitad del fútbol que, incluso si llega al sueño profesional, está condenada por cultura a jugar el partido desde la desventaja, siempre de visitante, eternamente destinada a ver cada juego desde la platea de sol a la que también le da la lluvia. Esa parte del fútbol es la femenina, en este caso específico, la de las brujas pamboleras de una fracción de la porción sur de la Ciudad de México.

México es fútbol por todas partes, desde el amanecer del siglo XX y sus campos de tierra en los barrios de la Condesa y la Roma que vieron nacer a las escuadras del Atlante, el América o el Necaxa, hasta los días de adulto mayor del Estadio Azteca y sus dos copas del mundo de apellido Pelé y Maradona; la actualidad está ahora ligada a la televisión como dueña, a los programas de polémica futbolera y a las denostaciones entre las diversas aficiones a través de las redes sociales y actos violentos. Más abajo, en el amateurismo, conforme la ciudad crecía a lo largo del siglo XX, los campos de juego iban quedando cada vez más lejanos y desterrados, sustituidos por torres de departamentos al estilo Pani, y solo algunos permanecieron estoicos entre la mancha urbana que devoraba todo tipo de áreas verdes. Cuando mi generación era pequeña, a mediados de la época de 1980, ya era evidente que a nuestra ciudad le hacían falta parques, árboles y césped. En cambio, le sobraba smog, automóviles, delincuencia y estrés, era un feo lugar para crecer, era un mal lugar para vivir, pero era lo que teníamos para jugar fútbol. Hoy, año mundialista del 2018, la ciudad no ha cambiado mucho. Se presume progresista y ciertamente algo hay de eso: algunos ciudadanos tomaron seriamente la defensa de cada árbol de esta urbe y algunos de ellos sostienen batallas imposibles de ganar en contra de los especuladores inmobiliarios obsesionados en construir más condominios que nadie habitará. Una variante de estos especuladores son los que comenzaron a aprovechar el poco espacio disponible para llevar el producto del fútbol a aquellos que en la ciudad querían practicarlo y no podían esperar al fin de semana o no querían o podían viajar a la periferia de las ciudades a donde ya habían sido exiliados los campos de juego. Así, nos pusieron primero, a principios de los noventa, canchas de fútbol rápido, una variante del fútbol sala con el terreno de juego limitado por bardas de madera, como para evitar que la fantasía se escape por falta de técnica. Este tipo de  variante del juego fue popular en los noventa y los centros donde se concentraban estás canchas llevaban nombres sugerentes a la velocidad que, debido a las bardas,  tomaba el juego. El Centro Rayo, al sur de la Ciudad de México, y justo enfrente del mítico estadio Azteca, fue sin duda el más representativo de esos sitios de fútbol rápido. A mediados de la década del 2000, esta variante del juego perdió popularidad, las bardas de las canchas, comúnmente construidas en madera, se pudrieron al paso de los años y a alguien se le ocurrió sustituirlas por canchas de una nueva variante: el fútbol 7.

En el fútbol rápido había cinco jugadores de campo más el portero por cada equipo y se jugaban cuatro tiempos de diez a quince minutos. En el fútbol siete, como su cabalístico nombre lo indica, se permiten seis jugadores de campo más un guardameta y ya no hay bardas de ningún tipo que evitan que la pelota (más chica que la de fútbol once) salga del terreno de juego. Y así, esas canchas de fútbol siete fueron apareciendo como contagio por toda la ciudad, solo en algunos pocos sitios la nostalgia triunfó sobre la moda haciendo prevalecer una que otra cancha de fútbol rápido. Como las dimensiones de una cancha de fútbol siete son todavía considerables para una ciudad en la que cada metro cuadrado se tasa su precio en oro (exagero, pero no mucho), algunos especuladores aprovecharon espacios más pequeños, o incluso azoteas de edificios o centros comerciales, para versiones de fútbol cinco o de menos jugadores, ya solo nos falta ver si alguno no hace (y cobra) una liga de fútbol solo, de 1  contra 1.

El día de hoy, lunes, justo nos toca jugar en una cancha de fútbol cinco no apto para claustrofóbicos, en una canchita ubicada a unas cuantas cuadras de su casa. La canchita de Tranvías comparte, irónicamente, espacio con dos canchas de fútbol soccer (de las poquísimas que quedan en el interior de la ciudad) y una de futbol siete, además de dos campos de beisbol (¡todavía más escasos!). Orientada de norte a sur está la legendaria cancha uno de Tranviarios,. su césped es sagrado pues ahí, cuando la liga del sindicato de los Tranviarios era de las mejores de la ciudad, varios ex-jugadores profesionales (“talacha” le decimos en México a esta especie de semi-profesionalismo) jugaron en los equipos de esa liga. En aquel entonces, la pipiolera gustaba de entrar al medio tiempo de los partidos para pelotear en la cancha y no pocas veces aprovechaba para pedir autógrafos a los jugadores famosos. En ese tiempo de esplendor, la cancha ya se separaba de la avenida Municipio Libre por una reja habitada por enredaderas, y la entrada estaba sobre uno de los costados de la cancha. Paralelo al campo, estaban los vestidores de jugadores y árbitros (con regaderas) y una pequeña tienda donde se vendían refrescos Lulu y Crush. Al límite de este complejo, estaba el pequeño graderío techado del lado Este (había otro idéntico del lado Oeste) que eran apenas unas cinco filas de asientos de concreto; sobre estas gradas los viejos empleados del sindicato se sentaban a mirar los juegos a los que no les faltaba calidad y emoción, aquello era como el Parque Asturias resucitado luego de ser quemado. Atrás de las porterías habían varios árboles acomodados en fila india como recogepelotas estáticos. Más al sur estaba la cancha dos y, entre el espacio que dejaba el graderío Este con la calle, había un pequeño espacio pavimentado que era utilizado como estacionamiento. Y sobre este pequeño espacio de cuarenta metros de largo por quince de ancho es que, cerca del año 2014, se construyó la canchita de fútbol cinco de Tranviarios. Al pavimento solo le colocaron encima una capa de pasto sintético, se colocaron algunas sillas para conformar las banca de los equipos local y visitante, y se colocó un marcador electrónico.

El equipo de los lunes lleva por nombre las Balas Perdidas...

lunes, 3 de noviembre de 2014

Violencia

Se acerca el 5 de noviembre, día que dignifica la acción, el movimiento, la determinación absoluta y la Ayotzinapa de moda lo honrará haciendo un paro. La siguiente semana tendremos otra marcha, se formarán asambleas para discutir, otra marcha, quizás un cacerolazo o una acción cultural se les ocurra en el transcurso para refrescar a la continua y predecible secuencia de marchas PACÍFICAS. Mucha indignación en las redes sociales, descalificaciones entre todos los bandos y colores... y... y esa película yo ya la ví.

Perdón si creo que Ayotzinapa se morirá igual que el 99, el movimiento del poeta, el México sin sangre o el 132. Comienzo a pensar que los radicales tenían razón: el cambio rápido, ese que alcanzaría a ver mi generación y la de mis padres, solo puede llegar por medio de la violencia. Pero el pacifismo se toma como dogma: movilización pacífica, marcha pacífica, paro pacífico. Pero... ¿a quién relamente beneficia está actitud pacífica? A como yo lo veo el gobierno le ha sacado todo el partido y ha triunfado con eso. Un grupo de anarquistas enfocan su violencia contra los miserables granaderos, pero ¿quién osaría dirigir la violencia contra los verdaderos titiriteros del asunto? ¿Por qué no tomar Televisa por la fuerza en lugar de solo cercarla PACIFICAMENTE?  ¿Por que no ir y asaltar Los Pinos, tomar el Zócalo, irrumpir en San Lázaro o detonar los edificios de las principales y más canallas empresas del país? Para mi la respuesta clara: porque hay mucho que perder. Esas acciones violentas requeririan su cuota en sangre, tortura y cárcel y ¿quién quiere ser martir? ¿Que estudiante va a querer perder la vida o peor aún, las chelas de cada fin de semana, por ir y cambiar el país? ¿Qué estudiante se va a joder el futuro profesional en aras de los más pobres? ¿Qué estudiante? Pues ninguno.
Las guerrillas han nacido siempre donde no queda nunca más opción, donde no hay nada que perder, donde es segura la muerte al día siguiente, por eso Guerrero y Chiapas han sido su escenario y por eso Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara, la UNAM, la Ibero o la Normal, nunca podrán gestar una revolución. Una joven declaraba muy indignada: ¡Nos están matando! Pero en Ciudad de México mueren más jóvenes por accidentes relacionados con el abuso de alcohol que por el narco, el crimen o, ya no digamos, la mano del gobierno.
La cuestión es está... ¿tenemos otro camino? Si lo hay ya habría que empezar a experimentar con ello. De lo contrario si realmente queremos el cambio habría que empezar a considerar perderlo todo.



 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Ancona



Habíamos perdido el tren, no por descuido sino por el “Chopero” o lo que es lo mismo pero en español, la huelga de los trabajadores del tren, y la hora apenas pasaba de la medianoche, eso significaba que estaríamos varados toda la noche en Ancona, un puerto caluroso al noreste de Italia. Ella se llamaba Olga y arengó a todos a pedir explicaciones a quien fuera o pareciera tener alguna autoridad dentro del sistema ferroviario, pero era media noche, nadie nos dio respuesta. Solo sabíamos que habría un nuevo tren hasta pasadas las 6:00 hrs. En la incertidumbre, el enojo y el cansancio, varios de los frustrados pasajeros nos convertimos en clientes del bar de la estación que, adiós gracias, era de esos “open 24 hrs”. Y así platiqué con esta chica Olga largo y tendido sobre todo lo que podíamos hablar. El tema del amor ella lo introdujo con una pregunta contundente: ¿Tú tienes suerte en el amor? Entonces pude estrenar mi nueva respuesta sacada del cine argentino: No, mi estado civil es lamentable. Y así ella me habló con más confianza de lo nefasto que eran los hombres italianos. De los mexicanos no hable, la desgracias se lavan en casa.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Viena



Desde hace tiempo yo ya sabía que los mejores tratos y negocios se cerraban sobre las mesas de cafés o restaurantes. Debo corroborar esa hipótesis y ampliarla a las mejores ideas y a las más creativas intenciones de la ciencia. Lejos del laboratorio o la oficina, con el vino o el café como testigo, es que los investigadores tenemos las mejores ideas que bien, con un poco de suerte, podrían cambiar el mundo. PIXAR nació en la servilleta de una modesta cafetería de Estados Unidos, entonces imaginen ¡qué cosas pueden concebirse en un café vienes! Esta es Viena, sede dela vanguardia del siglo XX, la casa de Schubert, Strauss, Freud, Bauer, Klimt, Zweigt y Popper, la de tantos que hicieron famoso este ambiente que hoy me duele dejar. En Viena fui feliz y mucho tiene que ver su carácter internacional y de libertad, es casi imposible ser infeliz en Viena. En una tarde cotidiana de lunch podíamos concurrir a la mesa, chinos, hindúes, alemanes, holandeses, austriacos, colombianos, polacos, canadienses, estadounidenses, portugueses, sirios, japoneses, italianos, argentinos, iraníes y hasta mexicanos (orgullosa representante soy)


Y hoy dejo Viena con tristeza porque aquí dejo amigos, hice amigos, y aprendí un mundo. En término musicales es como estar tocando con los Beatles, los Rolling Stones o los Cream, de mi tema; cenar y ser amiga de la nueva generación de vacas sagradas que escribirán las nuevas tesis del futuro me emociona, soy parte de mi propio Círculo de Viena. Gracias a Bárbara, Helene, Jason, Carmen, Miguel, Juping, Nabu, Michel, Stefan, Martej, Gregor, Kirk y todos los del Circulo de Viena con los que tuve la fortuna de trabajar en la oficina por horas, pero también por horas pude conversar con ellos con una mesa con comida, cerveza, vino y café de por medio para poder soñar. Gracias, Viena, por este vals.


 Ahora, tengo que ir a visitar a una vieja amiga, venga Perugia.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Vagando por Rusia no se liga.




A Rusia y estos países una viene a morirse de la envidia.

-¿Un ruso se puede enamorar de una mexicana?

Me preguntó mi estoica compañera de viaje antes de siquiera dejar Beijing. La miré de reojo sabiendo que la mexicana era ella, y contesté sin pensar.

-No. Es muy poco probable.

Ante tan poca esperanza y pesimismo de mi parte, mi compañera ahondó con un dramático por qué.

-Pues cuando entres a Rusia verás contra lo que compites ¬– le dije.

Los nacionalistas y los defensores de “la belleza se lleva dentro” me hubieran asesinado en ese instante, pero ya desde China mi compañera, que ella si es linda y carismática, no como yo, se fue dando cuenta que, de hecho, yo no mentía con eso de las probabilidades. Las rusas son bellas, bonitas, guapas (póngale el adjetivo que más le convenga) en una proporción de 8 de cada 10, en los países vecinos de la Europa, el porcentaje decrece un poco pero no mucho. Está muy alejado de la media de 3 por cada 10 mexicanas. Le dije entonces en son de chiste negro.

-Cuando regreses a México y tus amigas te pregunten sobre cuántos chicos guapos te ligaste, les dirás lo que has visto aquí, y ellas te dirán que no es cierto, pero tú podrás decirles a esas amigas: una mendiga de allá, es más bonita que todas ustedes juntas.

Pero mi compañera se resistía a creer, por supuesto el amor propio y lo políticamente correcto instan a desafiar estas realidades.

-Pero aun así, yo sé lo que valgo, lo que soy… (bla bla bla, belleza interior)

-Sí, yo también lo sé. En México traes un pegue notable, se han enamorado de ti un montón, pero allá, mi niña, estás en tu zona de confort. Y aquí… ¿ya te miraste en un espejo? Has dormido mal varios días, eso cuando has dormido; bañarse es un privilegio, la ropa limpia ya se te acabó, ¿depilarse? Pfff claro, si no estuvieras cazando trenes o autobuses. El desodorante no lo puede todo aunque lo untes en cantidades industriales. No has comido bien, estás enferma, cojeas de un pie, llevas a cuestas una gran mochila y un enorme cansancio… Te ves como una vagabunda. ¿Y así quieres competir con las rusas que están en su casa, tienen tiempo para maquillarse, verse lindas, tienen todo su closet lleno de ropa bonita, huelen bien y salen a la calle cada mañana con el pelito mojado porque se han bañado y además… son bonitas porque así nacieron?

Entonces mi compañera lo entendió. Ella que tanto éxito tiene en México no pudo atraer la mirada de ninguno allá. No fue su culpa, eran simplemente las circunstancias, si ella hubiese viajado en primera clase con todo su confort a cuestas... si se liga al menos uno. Pero...

La buena noticia es que el asunto se invierte con el sexo opuesto mis amigos hombres y amigas lesbianas. Hay un montón de rusas hermosas, son tantas que a los rusos les sobran y las exportan. Entonces, tengan fe, hay una rusa esperándolos allá. ¡Vayan ya por una!

jueves, 28 de agosto de 2014

Religión $$$



¿Cuál es la religión más exitosa de la historia? EL DINERO. Piénsalo, es el mayor acto de fe que tenemos los humanos. En pedazos de níquel y papel moneda todos consideran que hay un valor por el cuál intercambias cosas, sin ese auto de fe que le das a ese papel y a ese níquel estos no te servirían de manera práctica para nada. Peor aún, 89% del dinero en los bancos no existe, es virtual, ni siquiera hay oro respaldándolo en alguna bóveda supersecreta y resguardada y aunque lo fuera ¿ese oro qué? ¡Tampoco te sirve para nada! de hecho es mejor usarlo en supercomputadores. Aún más, la palabra crédito tiene el mismo origen etimológico de la palabra "creer" y en eso se basa. El dinero es Dios y Wall Street su profeta, hay toda una serie de ritos (la fila en el banco), mandamientos (invertirás tu dinero en propiedades, gasta ahora y paga después) y pecados capitales (comunismo, igualdad económica, erradicación del hambre).

domingo, 24 de agosto de 2014

El holocausto judío. Auschwitz-Birkenau.



Estuve hace unos días en el lugar que fuera conocido por los alemanes como Auschwitz pero que originalmente se llama Oświęcim, y en medio de ese lugar tuve un sentimiento que creo que muchos de los que niegan el holocausto tienen: sentí un repudio y asco hacia el manejo político de lo sucedido en ese lugar en favor de los actos que está cometiendo el gobierno de Israel actualmente y desde hace unos cincuenta años contra las personas de otras etnias en el actual territorio del estado de Israel.
 
Eran una treintena de personas que portaban banderas de varios países: Alemania (responsable directo de la matanza), Polonia (escenario de la matanza y actual administrador del museo), Austria (fueron guardias y soldados austriacos los que participaron en este campo y antes en el gueto judío y el campo de concentración de Plaszow), Ucrania (gran parte de los celadores del campo eran ucranianos), Estados Unidos (dueño del mundo) y por supuesto Israel (la mayoría de los asesinados en ese lugar eran judíos y eso nadie lo puede negar). Eran también personas representantes de distintas religiones, cristianos, católicos, judíos. Todo era conmovedor y los discursos, incluido el del regente de la ciudad de Oświęcim, eran congruentes; pero entonces el representante de Estados Unidos comenzó su discurso y dijo que las naciones del mundo estaban del lado de Israel y que estarían en contra de los que odiaran a Israel. Fue como un disco rayado este mensaje, dicho de una u otra forma varias veces. Yo me quedé impresionada, ¿no son ese tipo de actitudes de confrontación las que nos llevaron a campos de exterminio como estos? Muchos jóvenes israelíes (portaban banderas y ropas con los colores azul y blanco de Israel) acompañados de soldados del mismo país, lloraban frente al mausoleo dedicado a las un millón quinientos mil víctimas oficiales estimadas de este campo; no podía dejar de pensar que había cierta hipocresía en ese acto y tenía yo unas ganas tremendas de gritarles “¡Pues no lo repitan!”, como para sacar una bandera de Palestina en medio del grito, pero fui respetuosa.

Los que no creen en el holocausto tienen pocas bases para sostener sus afirmaciones, no tienen la oficialidad de quienes lo afirman. Sucede que ponen énfasis en ciertos detalles, el primero de ellos es el número de muertos. Millones más, millones menos, se calcula que murieron cerca de sesenta millones de personas a causa directa de la II Guerra Mundial. Los expertos afirman un dato más aterrador: solo cerca del 10% de esas bajas fueron soldados, el resto fueron civiles inocentes. Eso de por sí ya es injustificable y es un crimen. Al principio, se dijo que en Oświęcim habían muerto seis millones de personas. Con el tiempo la cifra se redujo hasta un millón quinientos mil. Lo cierto es que, comprobados, lo que se dice comprobados, nombres y registro en mano, solo hay 60 000 muertos. Pero debe tomarse en cuenta que gran parte de los archivos fueron destruidos por los alemanes cuando ya veían perdida la guerra (el miedo no nada en burro). Aun así, algunos consideran que un número entre cien mil y seiscientos mil muertos es lo más históricamente y científicamente posible. Los no creyentes del holocausto lanzan estas estadísticas como su mejor argumento y la respuesta que yo puedo dar es que haya sido uno solo… ya es una tragedia infame matar a alguien en nombre de la guerra. En los campos de concentración no solo murieron judíos, también gitanos, polacos, prisioneros de guerra, alemanes disidentes, criminales comunes y cientos de personas que por una u otra razón cayeron en ellos, pero todos eran personas, y ese es el punto. 

Por su parte, los simpatizantes del gobierno de Israel, siguen sosteniendo la cifra de seis millones y el turista se lleva a casa esa cifra sin reparar exactamente lo que significa y comparada con qué. Tomando en cuenta la cifra oficial, la tasa de un millón y medio de muertos en tres años no se compara a la tasa de muertes de algunos de los bombardeos Aliados para recuperar Europa. En algunos bombardeos la cifra de civiles muertos podía alcanzar fácilmente la cifra de cien mil personas en una sola semana. Así, la cifra de Oświęcim no parece ya tan impactante y se debería voltear la indignación a otros actos que hoy continúan impunes y en el anonimato histórico y de ls cuales nadie hace una película. Pero repito, así hubiera sido uno solo, las tragedias no pueden compararse por el número de muertos, sino por lo absurdas de sus causas.

Birkenau o Auschwitz II es una extensa pradera llena de ruinas de lo que eran las barracas, en donde metían a veinte mil personas como si de ganado se tratara. Era una especie de micro-ciudad regida por el miedo a morir. Solo imaginen esa cifra, veinte mil personas, veinte mil historias de vida. Estas personas convivían en la ley del más fuerte, lo siento, las cosas no eran como en “El niño de la pijama de Rayas”. Las camas a raz de suelo eran las destinadas a los niños, viejos o las personas más débiles porque eran las más frías y estaban infestadas de ratas, las camas de la parte alta las tenían aquellos más fuertes y la historia era igual tanto en las barracas de las mujeres como las de los hombres, no había espacio para el honor o la compasión en aquellos campos, los habitantes de esas celdas no tenían porque ser santos. Y es que esas barracas son una mentada de madre a la dignidad humana, están construidas de ladrillo (las que quedan en pie) y muchas otras eran de madera, dormían seis personas por “cama” (en realidad eran conjunto sombrío de tablas frías), y había solo dos estufas para salvarguardar el frío. En el tiempo que fui era otoño y aquello ya era un refrigerador automático, no puedo imaginarme lo aterrador del invierno en ese lugar en medio de una guerra y orden un marcial. Así no necesitabas cámaras de gas, no son necesarias porque la gente se te muere de hambre, de frío, de falta de ganas de seguir viviendo, así no hacen malditas cámaras de gas. Y este es el siguiente jodido punto.

¿Por qué matar judíos? ¿Por qué no? Los que niegan el holocausto olvidan que matar personas por su simple origen étnico, nacionalidad, religión o status social es tan corriente en la historia moderna que no parece descabellado que los alemanes tuvieran también sus piras ardiendo en contra de ciertos grupos humanos. En pleno siglo XXI el proceso se repite y ocurre de forma cínica frente a las cámaras de televisión, que en 1945 no ocurriera un genocidio es pensar de forma muy inocente. Hoy está en duda si usaron cámaras de gas o no, el hecho es un detalle tan espantoso como si un asesino dijera que es menos culpable por usar un arma de fuego y no una motosierra para matar. Suena lógico que los judíos murieran como moscas en ese campo por las enfermedades, las condiciones de vida eran tan lamentables que es fácil dar una cosa por hecho: si un ser humano no te sirve simplemente no te importa. A los alemanes les importaba la gente que pudiera trabajar pero ni a esos realmente los procuraban mantenerlos vivos porque prisioneros y desgraciados sobraban en Europa en ese entonces. Si lograbas sobrevivir al hacinado viaje en tren, te esperaba que te asignaran una barraca, cosa que podía demorar algunos días en los que te la pasabas en la intemperie, como era un campo con problemas de sobrepoblación había algunos que no alcanzaban barracas, y nada pues se quedaban afuera y nadie se preocupaba por ellos, por supuesto morían pronto. No necesitas cámaras de gas en ese entorno y si no las hubo el hecho no pierde su carácter criminal. Algunos dicen que en realidad Hitler nunca ordenó exterminar a los judíos, si eso es cierto ¿lo declaramos homicida imprudencial o cómo? Insisto, son detalles que no alcanzan para eximir a ninguno de los responsables.

Los campos de concentración alemanes son ciertamente los únicos que son usados como atractivo turístico. Otros lugares con historias similares no son empleados de esa forma, de otros sitios cuya historia es demasiado reciente como en Bosnia, el turismo negro está en veremos, pero ciertamente hay algo sospechoso en el hecho y eso te lleva a empezar a configurar la conveniencia política que significa esta tragedia para el gobierno de Israel y sus aliados. Muchos otros países han usado hechos similares en su conveniencia, pero en el caso de Israel justifica su existencia misma y su actuar bélico en contra de otros grupos como los árabes palestinos. Y es ahí donde radica la mierda detrás del holocausto judío. Yo voy en contra de los que dicen que el holocausto nunca ocurrió, me parece que la evidencia histórica es suficiente, y de hecho no creo que el holocausto judío esté sobreestimado, al contrario, considero que está subestimado y que no le hemos dado la importancia que requiere y como prueba está que no hemos logrado integrar ese horror de lo que pasó ahí a las nuevas generaciones porque estas lo repiten. Y si el holocausto judío está subestimado, los otros “holocaustos” o genocidios, están simplemente olvidados, borrados de la memoria de manera grosera, y es nuestra responsabilidad recuperar esa historia para darle su debido peso en la construcción del futuro. En lugar de decir que un hecho es falso porque es el favorito los medios masivos y es el que está prostituido por un gobierno que busca justificar su violencia contra otros, se debería de intentar recuperar la memoria de otros sucesos similares que no reciben tal atención.

Al salir de Auschwitz estaba conmovida, no solté la lágrima fácil por todos los que habían muerto ahí en medio de sufrimientos inimaginables, más si por todos los que todavía están muriendo en campos de concentración solo por ser lo que son y en nombre de ideas basadas en generalidades absurdas y baratas, en fanatísmos infestados de ignorancia y falta de raciocinio. Y aclaro, no soy partidaria de Hamas, de hecho creo que tiene responsabilidad en la muerte de sus propios civiles y que quiere jugar, como el gobierno de Israel juega con el holocausto, a explotar su propia tragedia televisada. Gobiernos aquí y allá, son la misma mierda hasta que demuestren lo contrario, ir por la paz sería buen comienzo; mientras tanto recupero el dato de la cifra de inocentes que mueren por la guerra y deseo a todos aquellos estadistas que juegan con la vida de las personas como si fueran números simples de su capital contable, que un día paguen, si es posible por el mismo acero que ostentan a la hora de declarar guerras que ellos nunca salen a pelear, por todas las muertes de las que son responsables.