miércoles, 20 de agosto de 2014

Bici... ¿política?

Creo que hay cierta razón en que las bicicletas como tales no tienen bandera política. Su uso ha sido fomentado o suprimido por gobiernos de distintas corrientes. Pero también es cierto que la bicicleta representa una amenaza seria a uno de los instrumentos más celosos del sistema económico mundial, esto es el control de los energéticos.

Es simple, en una ciudad sin autos no hay consumo masivo de petroleo. Por ello, la bici es un símbolo de ir en contra de lo establecido, de lo que debe ser y tiene que ser. Cobra más relevancia debido a que durante mucho tiempo en las sociedades industrializadas la bicicleta era sinónimo de atraso, pobreza, naques (basta recordar la frase aún vigente de "Pueblo bicicletero"). Por ello el que ahora este medio de trasporte, y más aún estilo de vida, se abra paso en medio de los modelos de desarrollo económicos es perturbador para la clase dominante.

Por supuesto las bicicletas también son parte de la demanda de consumo de bienes; no igualan las fortunas (hay bicis groseramente caras que suele usar gente que solo busca la pose). Su producción genera contaminación, su publicidad comete los mismos actos de discriminación que el resto de la publicidad de otros productos y su producción se rige por la ley de la oferta y la demanda. No tiene en ese sentido tanta pulcritud, corroborando así que nada está exento de crítica y no hay nada inmaculado.

Pero también es cierto que no hay bicis amarillas o tricolores, más bien creo que toda bici es disidente. Su usuario en ojos de los demás arriesga la vida, suda en demasía, se cansa a lo güey, pierde feminidad (en el caso de las mujeres), demuestra su estatus menor en la escala social pues ¿¡quién en sus cabales dejaría el auto en la cochera?!

Por eso me parece natural que toda protesta contra lo injusto, ilegitimo, deshonesto o inhumano, incluya entre sus huestes a la bici.

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